lunes, 8 de octubre de 2012

3 am

En la noche tuve un raro presentimiento, me hubiera gustado no tener razón. Hasta que en la mañana me enteré lo que había pasado en esa madrugada tan oscura.
Tenía que llegar a aquel lugar y el camino que debía recorrer para llegar no era largo, no había mucho que pensar ni decir, aun así la persona que estaba al lado se empeñaba en hablar de banalidades, no la culpo ya que suele ser así, a veces es un poco irritante, pero se que en el fondo tiene algo de bondad. 
El cielo estaba completamente nublado y corría un viento frío, claro... el clima acompañaba el momento como si supiera mejor que todos lo que pasaba, creo que somos uno de los únicos seres que lamentamos estas cosas.
En no mas de diez minutos estábamos paradas afuera de la casa. Salio ella quien nos miro, con esos ojos afligidos e hinchados de tanto llorar, como esa persona que busca alivio en alguien mas, que busca tranquilidad en quien se la pueda dar. Fue explosivo, un abrazo largo y a sentarse junto a la niña que tantas veces trataba de ser fuerte y fallaba en el jardín.
Adentro estaba él, tan frío como nunca antes, rodeado de flores y cintas negras. A su lado se encontraba sentada su mujer, la mujer con quien compartió toda su vida, quien ahora se mostraba pequeña ante el mundo, el mundo que se llevo al amor de su vida y ahora le pedían que fuera fuerte, ¿Alguien podría comprendedlo?. 
Entre lentamente y con un poco de dificultad pude hacer un contacto visual, me observo y fui hasta ella, me miro como una niña y no se soltó de mi. La abrace tan fuerte como lo pedía y tome su mano acompañándola por largo rato, las únicas palabras en ese entonces fueron:
-Se fue a las 3 am- dijo suavemente.
La hora muerta pensé para mi. 
Hace tanto tiempo que no entraba a esa sala, esa casa que me acogió por tantos años, ese lugar que me vio crecer se conservaba igual, el mismo color en las paredes, el mismo mueble, las mismas figuras de siervos en la pared y la misma fotografía de hace mas de 7 años atrás, ahora todo eso envuelto en un aire tenso, lúgubre y lleno de luto. Que raro es como pasa el tiempo y uno no esta consciente de eso, el tiempo es caprichoso, imparable para los mortales.
La pequeña mujer que se encontraba a fuera en el jardín atendió un llamado telefónico y desde ahí no paro de llorar como nunca antes lo había hecho, culpándose de algo que no debía. Le solté la mano a la viuda y fui hasta la cocina a atenderla, volvió a abrazarme y se desmayo. Le pedían que fuera fuerte por los demás, pero que difícil es eso cuando todos se encuentran mal y debes reprimir tu dolor.
Fue así como pasamos largo rato juntas, tratando de que botara el cansancio que llevaba hace mas de unas cuantas semanas. No había comido ni descansado en muchos días y ahora eso le hacia falta, pero la mente siempre es mas poderosa y maneja estas cosas. Lo único que ella pedía era consuelo.
Tuvimos que retirarnos obligadamente y lo único que pude dejarle fue una diminuta sonrisa que se desvanecía con ella a los segundos.
Lo peor ya estaba pasando y no había nadie que pudiera detener el poder de la naturaleza hasta que el tiempo hiciera su trabajo.

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