sábado, 29 de septiembre de 2012

Dormir para no despertar

En medio de la carretera, en medio del desierto, justo ahí estaba ella con la vista perdida, se encontraba sola pues ya no había nadie que la pudiera ver ni oír. En realidad esto no era tan distinto a lo que muchas veces había sentido en toda su vida. ¿Qué más podría importarle en este momento? si su única verdad ya no le pertenecía, su cuerpo se volvió ajeno, desconectado de su alma y por sobre todo de esta tierra. Ya no buscaba nada más.
Lo único que pudo hacer en todo el camino fue llorar, tan intensamente como el alma, que gritaba por salir del fondo. Aunque la verdad no estaba segura si quería salir de allí.
Se detuvo al lado de una gran roca, rígida y dura como ella lo fue siempre en medio de la sociedad. Paro y por primera vez en mucho tiempo volvió a mirar al cielo, recordando pequeñas cosas de su pasado.
En su cabeza existían tantas dudas que jamas nadie pudo resolver, tantos temores, tantas inseguridades, tantos problemas, que ahora todo eso le pesaban dentro de su ser, ciertamente cargaba con más cosas de las que una joven mujer puede llevar consigo, intentaba ser fuerte en ese tiempo, pero no se daba cuenta que en su interior estaba cada vez más dañada.
De pronto una fuerte lluvia empezó a caer sobre su rostro, su cuerpo lleno de barro volvió a limpiarse con el llanto del cielo, no pudo hacer nada más que gritar, si estaba sola, alejada de lo que era la tal "sociedad" y no le quedaba nada más.
Todo lo que había tenido era una verdad, algo porque creer, pero cierta tarde de otoño lo perdió. Eso que era su mundo, jamas volvió a la vida y ella de igual manera tampoco pudo ser la misma. Paso un par de años así, muerta en vida.
Ahora que estaba en medio del desierto y no buscaba nada mas, todo su ser saco la miseria que poseía y se la ofreció al viento.
Cansada de la vida, se durmió profundamente para no volver a despertar.

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